¿Desagregar o integrar? He ahí el dilema

¿Son acaso los “objetivos” de los currículos anteriores de Matemáticas equivalentes a las “habilidades” que se consignan dentro de los nuevos programas?

Algunas veces, sobre todo en los primeros años de implementación de los programas, nos topamos con opiniones del tipo: “las habilidades son como los objetivos del currículo anterior, solo hay que sustituir los términos”.

La realidad es muy distinta. Hay poderosas diferencias entre objetivos y habilidades. Para empezar, son categorías colocadas en estructuras de mallas curriculares distintas. Ya sólo en el diseño gráfico hay una diferencia. Pero por supuesto, el asunto es de mayor calado.

En el 2012 se partió de un modelo curricular distinto a los anteriores, una ruptura de paradigmas. Este modelo supone una transformación de los elementos que organizan la malla de los programas de Matemáticas. Contenidos y capacidades se ven desde una óptica totalmente distinta. El objeto curricular que en primera instancia organiza la malla son los conocimientos (triángulos, ángulos, etc.); no son los objetivos. Pero alrededor de ese elemento instrumental y clave para el usuario del currículo, se consignan las habilidades. No se trata de listados de conocimientos, como predominó durante décadas en muchos currículos. Las capacidades asociadas a esos conocimientos son las que indican lo que se busca alrededor del objeto curricular ordenador.

Las habilidades se piensan como capacidades que se pueden desarrollar en distintos grados; se pueden estimular de forma continua y sin pretender darle un carácter binario, es decir, como una propiedad que se tiene o no se tiene. Los objetivos, por otro lado, se muestran como habilidades que se desea lograr en los estudiantes. Son, en este sentido, un resultado esperado de aprendizaje.

Con mucha flexibilidad intelectual, podríamos decir que los “objetivos” podrían ser considerados habilidades obtenidas o a obtener. Pero el asunto, insistimos, no es de vocabulario. En el anterior currículo el objetivo estaba dentro de un marco curricular de influjo lineal y conductista, que le daba a cada uno una naturaleza específica.

En el currículo del 2005 no se propone trabajar los objetivos integradamente. Esto nos hace evidenciar la perspectiva conductista, según la cual se debe tener la menor intersección posible entre objetos para poder observarse o “medirse”. Prevalece una desagregación en unidades simples.

Dicho currículo no provee elementos verdaderamente metodológicos, a pesar de incorporar “objetivos” o “procedimientos”, acercándose más a los esquemas que aparecen como listados de contenidos. No hay realmente una orientación hacia otro tipo de enfoque.

Y también eso es lo que ha predominado en las aulas: se enfatizan contenidos,  no métodos y enfoques, no los fundamentos y los otros objetos curriculares, que deberían ser medulares.

En el nuevo currículo, en cambio, las habilidades deben verse interrelacionadas, con la premisa de que son capacidades asociadas a conocimientos; estas se activan simultáneamente y poseen elementos en común.

Hay también un papel central de dimensiones más allá de los contenidos.

Ya con estas consideraciones podemos entender algunas diferencias de fondo entre objetivos y habilidades, objetos curriculares centrales de dos programas de matemáticas.

Pero esto no acaba aquí.

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